La Ciudad de México me sorprendió por completo. Debo admitir que no pensé que fuera tan espectacular. Sin dudas, la clave son los museos: hay mil, están todos casi muy cerca y son apasionantes.

El Castillo de Chapultepec, ubicado en el bosque homónimo, es impresionante. No dudo en decir que es uno de los museos a los que NO se puede faltar, porque es el único castillo Real en América. Fue construído entre 1778 y 1788 y funcionó como casa del virrey. Aunque después fue un depósito de pólvora, academia militar, observatorio astronómico y más tarde, sirvió como residencia presidencial. Desde 1944, es museo.

El resto de los museos también son apasionantes: les recomiendo ir con tiempo al de Antropología, ubicado en el mismo bosque,  a la casa de Frida Khalo, en el barrio de Coyoacán y al Soumaya, en el elegante barrio de Polanco. Aprovechen porque éste último es gratis.

Además, hay que recorrer El Zócalo, el centro histórico de la ciudad. Cada calle tiene decenas de edificios antiguos, ¡pero muy antiguos! y hasta la catedral metropolitana, que fue construída en 1813. Podés subir y ver las campanas con un guía y disfrutar de una vista panorámica de la plaza con la gigante bandera de México en el centro.

Si van lleven zapatillas, ropa cómoda ¡y a caminar todo el día!

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